domingo, 3 de marzo de 2019

LA VIDA


LA VIDA

Me parece mucho más asombroso e impresionante, que la evolución del Universo se comporte como lo hace, a que un creador lo haya diseñado, como lo pregonan las religiones.
Estremece, el cobrar consciencia que la naturaleza haya encontrado en su propia esencia, las leyes que hicieron brotar la vida, desde sus formas elementales, hasta la complejidad del hombre, pasando por millones de especies en un escalafón fantástico.
Es todavía más  maravilloso, el espectáculo que nos brinda la naturaleza en todo su esplendor, que un proyecto deliberado, de algún ente superior, omnipotente que, desde las alturas o la distancia dirigiera, el concierto de la existencia de la realidad.
La inmensidad del cosmos, pasma por sí misma, el prodigio de la fecundidad, el portento del desarrollo de la más pequeña de las flores, nos dejan estupefactos en su perfección.
Son milagros permanentes que, sin firma alguna, se prodigan todo alrededor, ya en el humilde silencio de una noche tibia y callada, como en el estruendo de una erupción volcánica o en los relámpagos de una tormenta en medio del mar.
Basta, tan solo contemplar el vuelo de una mariposa, la metamorfosis de una larva, la carrera de un caballo salvaje o el reverencial nacimiento de un niño. Para quedar hechizados


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