LA VIDA
Me parece mucho más asombroso e impresionante, que la
evolución del Universo se comporte como lo hace, a que un creador lo haya
diseñado, como lo pregonan las religiones.
Estremece, el cobrar consciencia que la naturaleza haya
encontrado en su propia esencia, las leyes que hicieron brotar la vida, desde
sus formas elementales, hasta la complejidad del hombre, pasando por millones
de especies en un escalafón fantástico.
Es todavía más
maravilloso, el espectáculo que nos brinda la naturaleza en todo su esplendor,
que un proyecto deliberado, de algún ente superior, omnipotente que, desde las
alturas o la distancia dirigiera, el concierto de la existencia de la realidad.
La inmensidad del cosmos, pasma por sí misma, el prodigio de
la fecundidad, el portento del desarrollo de la más pequeña de las flores, nos
dejan estupefactos en su perfección.
Son milagros permanentes que, sin firma alguna, se prodigan
todo alrededor, ya en el humilde silencio de una noche tibia y callada, como en
el estruendo de una erupción volcánica o en los relámpagos de una tormenta en
medio del mar.
Basta, tan solo contemplar el vuelo de una mariposa, la
metamorfosis de una larva, la carrera de un caballo salvaje o el reverencial
nacimiento de un niño. Para quedar hechizados

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