jueves, 14 de marzo de 2019



ATORÓN

Ver correr el tiempo como una enorme pelota de paja empujada por el viento, dando tumbos en el desierto y yo perplejo.
Del cielo cae la noche desparramándose desde el horizonte hasta aquí, donde me planto a contemplar en silencio, el desfile del firmamento, que abre sus brazos hasta devorarme en su enigmática negrura.
Cómo se desvanece poco a poco la historia, se va desmoronando el mito que sostiene al miedo con su exigencia de tributo. Los pensamientos desbalagados no quieren uniforme, se van simplemente más allá de los controles, tropezando con sus contradicciones y yo aquí atónito.
Algo quedará después de la tempestad, las ruinas del pasado incrustadas en las rocas como huellas de moluscos en reserva legendaria y yo absorto.
No veo ningún caimán sediento a la redonda, se ausentaron en un descuido de los dioses que cuidaban el edén, dinosaurios y mastodontes se perdieron en el ayer, no queda nadie que platique sus peripecias y desventuras, yo aquí atragantado.
Van y vienen los fletes, como vergüenza de los asesinos que, sin escrúpulos han empapado de sangre los patios y yo aquí sigo atorado.

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