LA MEZCLA DE
PENSAMIENTOS
Uno, dos, tres y hasta cuatro ideas simultáneas braman por
atención, brotan al unísono en la mente, son inconexos entre sí, todos agitan
sus banderas reclamando prioridad con exigente celo.
Irrumpen al momento en que me dispongo a disertar en una
exposición pública, se aglomeran en patética confusión, como una torre de Babel
en el cerebro, desordenando y desestabilizando mis planes, descarrilan mi
lectura, me sacan por tangentes, me llevan por las ramas en diferentes
direcciones.
Se revuelven entre sí, se cruzan, se empalman, se desplazan
unos a otros haciendo un colash indescifrable, intentando cada uno, tomar la
batuta, para dirigir la danza de las neuronas.
Los pensamientos son indisciplinados y ambiciosos, todos
quieren primacía, ser los principales protagonistas de la función, no respetan
los espacios en un pacto civilizado, no conocen el orden.
Inútil querer meterlos en cintura con un grito, mejor dejar
todo en suspenso, de un borrón y cuenta nueva, enviarlos al recreo, donde tal
vez calmen sus ímpetus de estrellas, hay que cerrar la cortina, para
enjaularlos en su corral y mandarlos llamar uno a uno de acuerdo a lo que yo
decida.
A la cola, a hacer fila montoneros, aquí yo gobierno, yo
mando cuál va a la cabeza y cual después, nada de entrometerse en la hilera,
todos serán atendidos, pero uno por uno en el redil.
