lunes, 1 de julio de 2019

LA NIÑA


LA NIÑA
¿De qué se trata la vida? – preguntó la niña a su madre.
-De ganar dinero hijita – le contestó – eso es todo, fíjalo en tu mente y que no haya nada que hagas que no vaya encaminado a ganarlo-
-¿Cómo se obtiene?- replicó la criatura  - trabajando, cuando tengas suficiente, entonces todo se hará más fácil, tendrás amigos, prestigio, crédito, comodidades, diversiones, viajes, placeres y hasta amores-.
-¿Cómo se obtiene?- replicó la criatura –
-Trabajando, como lo hace tu padre, desde que amanece hasta que anochece-
-Pero mami, si nunca tenemos nada, apenas medio comemos  - Respondió la niña-
-Es que tu padre tiene el defecto de ser honrado, me faltó decirte lo más importante, tienes que medrar de donde sea, a los escrúpulos arrojalos lo más lejos que puedas, administra tu voracidad, se astuta, complaciente con los ricos y aprovéchate de los pobres y de los ignorantes, olvídate de la honra, eso es anticuado ¿a quién le importa?-
-A mi papá- respondió la niña.


GOGA


GOGA
Ella estaba llena de rencor por todos lados, destilaba amargura por los poros de su cansado cuerpo, era envidiosa y vengativa a más no poder, avara y abusiva, poseía los objetos con codicia exagerada.
También era vanidosa y soberbia, se cubría las imperfecciones que en secreto le brotaban dentro del misterioso sigilo con el que se desplazaba en aquel claustro, donde se ocultaba de las miradas curiosas.
Parecía una sombra, cuando por las noches, sonámbula se paseaba bajo las bóvedas y las almenas de aquel convento abandonado, a veces al asecho, a veces en la evasión, sospechosa se deslizaba entre pasillos y rincones, amontonaba toda clase de talismanes, escondía amuletos, recuerdos de muertos, idos en la prehistoria.
Nadie conocía su disfraz más socorrido,  lo usaba cuando estaba sola, así se atrevía a desnudarse y aparecer frente al espejo; entonces permanecía muda, impávida, impertérrita, absorta.
Luego quedaba tendida, se desplomaba, se desvanecía, parecía un cadáver, solo ella sabía que aún no estaba del todo muerta; era lo mismo, a nadie hacía falta, no había quien la echara de menos, nadie la extrañaba ni la necesitaba, para nada servía. Al revés, Goga era un estorbo, una carga pesada, un lastre que impedía el libre curso de la vida y del flujo alegre de la felicidad.
Nunca se quejó, aguantó callada los dolores de la vejez, no pidió clemencia ni auxilio, no sabía llorar y nunca le dieron permiso de reír, había sobrevivido castigada por su propia cuenta. 

LA AUTORIZACIÓN


LA  AUTORIZACIÓN
Sin ella no hay permiso, le dijo el encargado;- ¿Qué tengo que hacer para ser feliz?, - insistió el desgraciado, - vaya con el Rey, explíquele su caso, tal vez él pueda ayudarlo; - ya fui a verlo, ¡nunca está!  -Mala suerte, no pierda la paciencia, inténtelo otra vez.
-Siempre anda de cacería, se va de pesca, se fue al casino, está dormido, en una junta, dicta una conferencia, está de gira, asiste a un congreso; ¡total!  no puedo concretar una entrevista con él y me urge, tengo prisa ¡ya estoy desesperado!-
-Ve a su casa, intercéptalo en su finca de descanso- ¡buena idea! - Decidió penetrar a la inmensa residencia rodeada de una gigantesca barda perimetral separada de la mansión por una lago circular, repleto de lagartos de húmedas y babeantes mandíbulas, dentro de las cuales relampagueaban brillantes hileras de colmillos.
Aquí nadie puede ser feliz sin permiso, hay que solicitarlo humilde y dulcemente a las autoridades y ¡nunca te hacen caso! -iba pensando- finalmente entre las sombras distinguió una figura a lo lejos que se movía detrás del ventanal, cruzó con cuidado el puente levadizo que se abría y al final un guardia le imponía el alto, escudo y lanza en mano.
-Vengo a ver al Rey ¿podría avisarle que estoy aquí para hablar con él? Quiero y necesito una autorización para ser feliz, ¡es todo!-. Antes de cerrar la puerta del zaguán, el soldado le ordenó esperar……….
Transcurrieron unos minutos cuando se abrió de nuevo la puerta apareciendo el guardia de nuevo y le dijo: ¡Estás autorizado! – Corrió lleno de emoción e infinita alegría, por fin iría a cristalizar su - antes - inalcanzable sueño, daba saltos de emoción, cantaba y bailaba al son de una música interior que retumbaba en su corazón pleno de eterna gratitud.
Regresó con el encargado para decir que ya tenía la autorización del Rey, entonces el encargado procedió a sellar el permiso y de ahí en adelante gozó de felicidad.