EL SACRISTÁN
A Petronila Godínez se le inflamaron las fosas nasales y por
poco le brota una lágrima del ojo derecho, pero se aguantó como los hombres,
reteniendo el llanto ¿de emoción o de vergüenza? Nunca se supo.
¿Quién es su padre? Le preguntó el agente y ella le
respondió: Es el sacristán del Vaticano, el agente no se inmutó, se mostró
impertérrito, ¿a qué se dedicaba en México? – Siempre fue muy acomedido en la
capilla del pueblo donde nacimos, allá en San Bartolo de las Naranjas, cerca de
Rio Verde, luego lo eligieron para una peregrinación, se lo llevaron a San Juan
de los Lagos, luego a Talpa, ya después sólo se iba de rodillas a Chalma, se
excitaba en el altar, le gustaba ser acólito, el padre le regaló un ropón que
nunca se quitaba ni para dormir, vestido así iba al mercado brincando con una
canasta a comprar el mandado.
Siempre quiso ser un monaguillo y finalmente lo consiguió
después de muchos esfuerzos y sacrificios, se la pasaba haciendo penitencia en
vez de irse a pecar como los otros chamacos, todo el fin de semana lloraba de
puro amor a la cruz.
Así se empezó a encariñar con las limosnas, le encantaba
pedir caridad a las afueras del templo, una vez
le ofrecieron en bandeja de plata una diócesis, pero no logró demostrar la
documentación, era lego en términos bíblicos, balbuceaba el latín de tanto
responderle al obispo cuando le ayudaba en los santos oleos, en las
confirmaciones, en los bautizos y en las bodas, con las propinas logró comprar
una motoneta en la que paseaba a las monjas por las arboledas y las alamedas.
De una de ellas, nací yo; cuentan que se las llevaba al
campanario y allá arriba se la pasaban doblando y bebiendo vino de consagrar
hasta que se quedaban dormidos, como también el párroco frecuentaba a mi madre,
este se arrogó la paternidad para taparle un ojo al macho del Sacristán.
Cuando vino el papa, a este Sacristán lo llevó al seminario,
una noche; se llevaron unas barajas de Tarot y una ruleta, allá les esperaban
las Carmelitas descalzas de todo a todo, dicen que estuvieron dándole vuelo a la hilacha toda la
noche, que los gritos de los monjes y los aullidos de las madres se oían todo a
redonda.
Fue entonces cuando se fue con el excelentísimo señor a
Roma, ahora está en Italia, me cuentan que está muy gordo y que todo el día se
la pasa cantando el quiquiriquí mezclado con el ave maría y el kirie eleison
tan de moda.

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