viernes, 22 de marzo de 2019

EL SACRISTÁN


EL SACRISTÁN
A Petronila Godínez se le inflamaron las fosas nasales y por poco le brota una lágrima del ojo derecho, pero se aguantó como los hombres, reteniendo el llanto ¿de emoción o de vergüenza? Nunca se supo.
¿Quién es su padre? Le preguntó el agente y ella le respondió: Es el sacristán del Vaticano, el agente no se inmutó, se mostró impertérrito, ¿a qué se dedicaba en México? – Siempre fue muy acomedido en la capilla del pueblo donde nacimos, allá en San Bartolo de las Naranjas, cerca de Rio Verde, luego lo eligieron para una peregrinación, se lo llevaron a San Juan de los Lagos, luego a Talpa, ya después sólo se iba de rodillas a Chalma, se excitaba en el altar, le gustaba ser acólito, el padre le regaló un ropón que nunca se quitaba ni para dormir, vestido así iba al mercado brincando con una canasta a comprar el mandado.
Siempre quiso ser un monaguillo y finalmente lo consiguió después de muchos esfuerzos y sacrificios, se la pasaba haciendo penitencia en vez de irse a pecar como los otros chamacos, todo el fin de semana lloraba de puro amor a la cruz.   
Así se empezó a encariñar con las limosnas, le encantaba pedir caridad a las afueras del templo, una vez  le ofrecieron en bandeja de plata una diócesis, pero no logró demostrar la documentación, era lego en términos bíblicos, balbuceaba el latín de tanto responderle al obispo cuando le ayudaba en los santos oleos, en las confirmaciones, en los bautizos y en las bodas, con las propinas logró comprar una motoneta en la que paseaba a las monjas por las arboledas y las alamedas.
De una de ellas, nací yo; cuentan que se las llevaba al campanario y allá arriba se la pasaban doblando y bebiendo vino de consagrar hasta que se quedaban dormidos, como también el párroco frecuentaba a mi madre, este se arrogó la paternidad para taparle un ojo al macho del Sacristán.
Cuando vino el papa, a este Sacristán lo llevó al seminario, una noche; se llevaron unas barajas de Tarot y una ruleta, allá les esperaban las Carmelitas descalzas de todo a todo, dicen que  estuvieron dándole vuelo a la hilacha toda la noche, que los gritos de los monjes y los aullidos de las madres se oían todo a redonda.
Fue entonces cuando se fue con el excelentísimo señor a Roma, ahora está en Italia, me cuentan que está muy gordo y que todo el día se la pasa cantando el quiquiriquí mezclado con el ave maría y el kirie eleison tan de moda.

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