lunes, 10 de junio de 2019

EL ORDENADOR


EL ORDENADOR

La misión que le habían encomendado, era inusitada: investigar dónde están los resortes de la realidad disfrazada que estamos compartiendo, unos viviendo, otros apenas sobreviviendo.
¿Por dónde empezar? Las causas son el objetivo; los efectos ya son tan evidentes que no hace falta ni mencionarlos, tal vez para no evocarlos para que no se empeñen con más ahínco.
Dentro de las Sociedades Secretas se hallan los motivos esotéricos responsables de tanta calamidad, decían algunos; son los judíos sionistas propietarios de la Reserva Federal, argumentaban otros; son los capitales financieros internacionales, opinaban terceros; es el sistema el que nos tiene en la zozobra, pensaban ciertos grupos.
Es una conspiración ultra secreta, fraguada desde las sombras, personajes siniestros, mafias familiares, dinastías infames y legendarias, quienes mueven los hilos de la historia, comentaban aquellos; para mí son los extraterrestres, sospechaban otros.
¿Quién gobierna el mundo? ¿Quién decide nuestro futuro? ¿Quién controla, ordena y manda?
Al término de la búsqueda, por fin había encontrado la respuesta, ahí…ahí está el comando supremo, le indicaron, se abrió la puerta y una voz cavernosa lo invitó a pasar: Era una terminal de la computadora cuántica de última generación.   

CONTRASTES


CONTRASTES

Desconcertado, abrió los ojos en aquel tétrico paraje, no obstante se sentía sereno y alegre, se irguió para empezar a explorar el lúgubre lugar, todo parecía humear, la desolación invadía de nostalgia la misteriosa atmósfera, un fétido olor se esparcía por aquel páramo cuajado de sonidos extraños y sombras siniestras; pero él se mantenía contento, una profunda satisfacción latía en su corazón y una auténtica sonrisa iluminaba su rostro, por dentro entonaba un himno de felicidad que aplaudía en su mente, no se cansaba de agradecer a la fortuna, el privilegio de gozar de tamaña aventura, de tan fantástica experiencia; así avanzaba entre rocas, pantanos y laberintos llenos de alimañas, colmillos, crujir de dientes, lenguas y lamentos.
Del otro lado un hombre se desgañitaba trastabillando lleno de pavor entre lirios, helechos y flores de espléndidos colores y aromas celestiales; sus ojos empapados de lágrimas apenas le permitían ver los arroyos de agua cristalina que corrían en la cañada, encima de gemas y pedernales de brillos destellantes, que con el cantar de los quetzales, canarios y otras aves, producían una música que armonizaba con el vaivén de las hojas movidas por el suave viento de la tarde; él horrorizado se cubría el rostro con las manos, en medio de gritos escalofriantes y temblores de angustia.     

sábado, 8 de junio de 2019

LA PREGUNTA


LA PREGUNTA

No se trata de controlar y dirigir el pensamiento en una dirección, sino en permitir que imágenes e ideas penetren y se manifiesten para atraparlas y así poder plasmarlas en papel; pero el miedo al pensamiento que repentinamente aparecía, le hacía borrar de inmediato, perdiendo sabiduría, placer y gloria; millones de ideas tocaban a su puerta, de inmediato las rechazaba asustado.  
Huía de sí mismo, se evadía por cualquier medio, se conectaba a la televisión, a la radio, al teléfono, subía a todas las plataformas que internet le brindaba, se hundía en la prensa, en libros y revistas, en documentos, panfletos, folletos, anuncios e instructivos; apuntaba su atención a todo aquello que le distrajera de sí mismo.
Recurría a todo tipo de medicinas, venenos, pócimas, brebajes, hechizos, conjuros, predicamentos, cuentos, novelas, ensayos, plegarias, sacrificios, substancias, moléculas y materiales, con tal de no enfrentarse consigo.
Buscando siempre afuera, subió a las cúspides, bajó a los pozos, penetró en las cuevas, se internó en las grutas, exploró cavernas, se sumergió en cenotes, buceó en los arrecifes, surcó los archipiélagos, voló por los aires, buscó en los bosques, investigó en las selvas, preguntó a los vagabundos, interrogó a los gendarmes, conversó con los sabios, vivió con los monjes y escuchó a los pastores en su fallido intento por descubrir la verdad.
Se transformó en Pitecántropos, se  vio las manos de Cromañón, encontró a Eva y a Noé; viajó en el arca, subió a Babel, saludó a  Confucio, admiró a Gilgamesh, ayunó con Buda, estuvo con Abraham y con Nabucodonosor, cenó con Isaac y Sara, paseó con Jacobo, aplaudió a Ismael,  se hospedó con David, comió con Salomón y con la reina de Saba.    
Se informó en la historia, estuvo con Heródoto, consultó a  Homero, saludó a Aquiles, rescató a Helena, cabalgó en Troya, vivió la odisea, se convirtió en Ulises, trató a Rómulo, conoció a Eneas,  venció a Jerjes, aprendió sanscrito, estudió en la academia de Platón, dialogó con Sócrates, preguntó a Aristóteles, discutió con Pitágoras, escuchó a Alejandro, acompañó a Tolomeo, se acostó con Cleopatra, discutió con César, siguió al Mesías, crucificó a Barrabás, se escondió de Constantino, se defendió de Atila; atendió a Mahoma, pero todo en balde, las razones se perdían entre lanzas, escudos, flechas y cruces; se quedó en las mismas.
Viajó con Verne, escuchó  a Salgari, se embarcó con Cristóbal, se aventuró  con Marco polo, navegó con Magallanes, siguió a Vasco de Gama, se refugió en Lhassa, recurrió a vedas y brahmanes, bajó a los infiernos con Virgilio y Alighieri, pintó con Rafael y Miguel Ángel, también con Van Gogh  y Kandinsky, se maravilló con Copérnico, Newton, Einstein y Planck, invocó a Fausto, enamoró a Julieta y montó a rocinante. Quedó extasiado con Bach, Beethoven y Mozart, cantó con Caruso, Pavarotti, Jagger y Lennon, conversó con Don Juan y  María Sabina, tomó con José Alfredo, brindó con Agustín, bailó con María, se perdió en el mar con Hemingway, se reflejó en el espejo de Oscar, vivió en Comala y  envejeció en Macondo.
No se fatigaba de buscar con ahínco no ya la respuesta, sino que ahora trataba de encontrar la pregunta. Aquí estaba, en el silencio absoluto del interior, ahí donde el bullicio se calla, donde las palabras quedan suspendidas en un entredicho eterno, después de un infructuoso trayecto por senderos plagados de espinas y cardos, aquí donde la revelación florece como un nardo en flor.