LIBERTAD TOTAL
¿Cómo es que
alguna vez pensé que alguien escuchaba mis silenciosas ideas, de forma
Teo-telepática?
Sí, que oían
mis pensamientos y entonces, yo practicaba esa especie de comunicación, Dios
escuchaba atento mis reflexiones, mis pesares, mis alegrías, mis emociones, mis
sentimientos, mis pecados, mis rezos, mis suplicas, mis errores, mis
desviaciones, mis perdones.
Después me
di cuenta de la falla, estaba como estoy: absoluta y completamente solo,
aislado de un mundo competitivo y hostil, empeñado en destruirme, en robarme
hasta la última gota de energía, para su ventaja.
La
indiferencia es la reina que campea por estos rumbos, a nadie le interesa otra
cosa que no sea sí mismo, perjudicamos indistintamente a los demás, el dolor ajeno nos tiene sin cuidado,
ya nada nos conmueve.
Ensimismados,
retraídos, tristes, meditabundos y enojados pasamos nuestros días de vida, a
sabiendas que se acabarán más pronto que tarde y sobre todo, que fue en vano, que
la vida transcurrió sórdida, enfadada y solo dejó una cierta melancolía en la
boca.
Decidí ya no
tener jueces, ni autoridades, ni dioses, ni jefes, ni gobiernos; pensé que el
único juez de mis pensamientos, de mis atrevimientos, de mis temeridades, de
mis fallas, de mis fracasos, de mis triunfos, de mis arranques, de mis actos y
hasta de mis sueños; iría a ser solo yo mismo; ahora me desdigo, ni yo mismo
atenderé esos juicios; ni siquiera yo mismo estaré al pendiente de mí, nada ni
nadie, incluyéndome estará escudriñando, ni auscultando ni emitiendo juicio
alguno sobre mi desempeño.
La libertad
total imperará, obraré sin freno alguno, pensaré, sentiré, soñaré, disertaré,
sin absolutamente nada que califique mis ideas, ningún referente, ninguna ley,
ningún principio regirá mi comportamiento.
Sin Juez y
sin verdugo, conquistaré la libertad total.

Exageras compadre, parece que te azotas con guante de coero!
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