PARA SIEMPRE JAMÁS
Llegó a caerse bien, a simpatizar consigo, creo que de tanto
convivir , de tanto aburrirse juntos, de tanto remar contra la corriente, llegó
a conocer sus agallas en los límites de la subsistencia; poco a poco fue
descubriendo su bravura, su finura, su vuelo, su estructura.
Empezó por perdonarse, por aceptarse y no cambiar al gusto
del sistema que lo reprobaba en cada examen al que era sometido sin su
consentimiento.
Había dejado de rechazarse hacía apenas unas semanas, dejó
de criticarse, cumplió su promesa de no volver a subestimarse ni molestarse con
aquellos remordimientos que, lo habían hecho sentirse como una piltrafa.
¿Por qué se había reprobado? ¿Bajo qué criterios? Ya nunca
más lo haría, ahora se otorgaba la mejor calificación, un poco tarde sí, pero
por fin, él era su propio juez, ya nada lo frenaría durante su auténtico
impulso; había sido su peor enemigo, el único que lo hundía en el infierno más
atroz, en la depresión y en la condena eterna.
Abajo castigos y aldabas, al diablo con los candados y las
cerraduras, al demonio con las llaves, los barrotes y los calabozos.
Se convirtió en el héroe de su película, de su epopeya, de
su odisea; nada lo detendría hasta la tumba, ahí descansaría para siempre
jamás.

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