CABILDEAR
Cabildear es una acción acostumbrada entre
los parlamentos ya hace siglos, consiste en intrigar entre los legisladores por
parte de los poderes fácticos, económicos o religiosos a favor de sus
intereses, para torcer las leyes - que deberían proteger a los ciudadanos –
para beneficiar a las empresas o instituciones que tienen en juego sus
privilegios.
Los cabilderos son profesionales del soborno,
del chantaje, de las amenazas veladas, de la sutileza o de la persuasión. Son
expertos en el arte del convencimiento, son espléndidos en albricias y
comilonas, poseen muchos recursos para inclinar la balanza a su favor, para violentar la norma y acoplarla a lo que en
realidad sucede, para evitar controversias.
El cabildeo deja así, al ciudadano simple,
completamente inerme y a la deriva; los acuerdos hechos bajo la mesa y en
sigilosa clandestinidad de un secreto oculto tras los manteles del formalismo.
Así se deciden los rumbos y los caminos de la
política nacional, los fuertes intereses económicos, a través de este sistema
de cabildeo, promulgan leyes para blindar, beneficiar e inmunizar a quien tiene
el poder económico para comprar la voluntad y la decisión de diputados y
senadores.
En la Comisión de Reglamento y Prácticas
Parlamentarias de la Cámara de Diputados se acaba de aprobar un documento que incluye
íntegro un capítulo sobre cabildeo, para acabar
con la falta de transparencia en que operan las empresas dedicadas a “inducir” a los diputados a ratificar
o modificar reformas que los favorezcan económicamente.
Así se obligará a llevar un registro de las
personas que busquen negociar asuntos de empresas, al igual que publicar todos
los acuerdos que los legisladores asuman con estos. Esa práctica es regulada
por seis artículos, fíjense en el cinismo: El primero define el Cabildeo como: toda actividad que se haga ante cualquier diputado, en lo individual o
en conjunto, para obtener una resolución o acuerdo favorable a los intereses
propios o de terceros (me recuerda la conversación de Nassif con Gamboa
Patrón).
Describe al cabildero como al individuo que represente una persona física,
organismo privado o social, que realice actividades por las cuales obtenga
beneficio material o económico en sus relaciones con los legisladores. Para
ejercer como cabildero en San Lázaro
tendrán que inscribirse en un registro público, a cargo de la mesa directiva,
que se publicará semestralmente en la Gaceta
Parlamentaria y en la Web de la
Cámara de Diputados.
Las solicitudes de inscripción deberán
presentar copia de identificación oficial vigente, acreditación del
representante legal de la empresa, domicilio y una relación de las comisiones o
áreas en las que se pretende realizar el cabildeo. A estos personajes se les
expedirá una credencial, que deberán portar mientras permanezcan en el Palacio
Legislativo.
Un buen paso para legalizar la corrupción,
pero entonces ¿qué clase de representantes populares son los legisladores,
cuando en realidad gestionan y legislan a favor de intereses particulares?
La ciudadanía no tiene por lo tanto verdaderos
representantes, supuestamente deberían ser los propios legisladores sus
cabilderos, pero se venden al mejor postor.

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