LA AUTORIZACIÓN
Sin ella no hay permiso, le dijo el encargado;- ¿Qué tengo
que hacer para ser feliz?, - insistió el desgraciado, - vaya con el Rey,
explíquele su caso, tal vez él pueda ayudarlo; - ya fui a verlo, ¡nunca está! -Mala suerte, no pierda la paciencia, inténtelo
otra vez.
-Siempre anda de cacería, se va de pesca, se fue al casino,
está dormido, en una junta, dicta una conferencia, está de gira, asiste a un
congreso; ¡total! no puedo concretar una
entrevista con él y me urge, tengo prisa ¡ya estoy desesperado!-
-Ve a su casa, intercéptalo en su finca de descanso- ¡buena
idea! - Decidió penetrar a la inmensa residencia rodeada de una gigantesca
barda perimetral separada de la mansión por una lago circular, repleto de
lagartos de húmedas y babeantes mandíbulas, dentro de las cuales relampagueaban
brillantes hileras de colmillos.
Aquí nadie puede ser feliz sin permiso, hay que solicitarlo
humilde y dulcemente a las autoridades y ¡nunca te hacen caso! -iba pensando-
finalmente entre las sombras distinguió una figura a lo lejos que se movía
detrás del ventanal, cruzó con cuidado el puente levadizo que se abría y al
final un guardia le imponía el alto, escudo y lanza en mano.
-Vengo a ver al Rey ¿podría avisarle que estoy aquí para
hablar con él? Quiero y necesito una autorización para ser feliz, ¡es todo!-.
Antes de cerrar la puerta del zaguán, el soldado le ordenó esperar……….
Transcurrieron unos minutos cuando se abrió de nuevo la
puerta apareciendo el guardia de nuevo y le dijo: ¡Estás autorizado! – Corrió lleno
de emoción e infinita alegría, por fin iría a cristalizar su - antes - inalcanzable
sueño, daba saltos de emoción, cantaba y bailaba al son de una música interior
que retumbaba en su corazón pleno de eterna gratitud.
Regresó con el encargado para decir que ya tenía la autorización
del Rey, entonces el encargado procedió a sellar el permiso y de ahí en
adelante gozó de felicidad.

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