lunes, 26 de agosto de 2019

SIN LA VIDA


SIN LA VIDA
Arde el mundo, tiembla la tierra, se quema el agua, los volcanes enojados escupen fuego, las aves emigran a la luna, los insectos quedaron aplastados bajo las rocas, los hombres se desintegraron, no quedan ni ruinas, todo ha sido devastado.
Cuando ya no había vida, se presentaron en el planeta, después de larga ausencia; humeaba todavía la superficie, un olor a azufre se esparcía encima de las cenizas.
Un montón de deidades se arrimaron a ver el holocausto, era una gran algarabía; unos reclamaban, otros acusaban, los demás cuchichiaban, nosotros callados presenciábamos desde un rincón la escena.
Discutían culpas y responsabilidades; celos, descuido, soberbia y egoísmo; los dioses mitológicos protestaban.
Las ideas no tenían ya quién las pensara, las estructuras sin quien las entendiera, las pasiones sin quien las disfrutara, los pecados sin alguien que los cometiera, el odio sin víctima que lo sufriera, la venganza sin quien la ejerciera, el amor sin quien lo sintiera.
Nada tenía razón de ser sin la vida, ¿para qué el perdón? ¿Para quién la bendición? ¿A quién maldecir? De nada servía la piedad, ni el consuelo ni la plegaria. Ni la verdad ni la mentira tenían ya cabida en una existencia muerta.
Ni la ciencia ni la filosofía ni el derecho ni el arte ¿Para qué sin vida?…si su último suspiro, se había para siempre, ¡apagado!
Sin vida, ningún sentido tenían los dioses, entonces se dieron cuenta que nunca habían existido.

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